Emociones de nuestros hijos!

Por qué debemos validar las emociones de nuestros hijos y cómo hacerlo bien!

Alexandra Cortés

Alexandra Cortés

Psicóloga Infanto-Juvenil Calama

Para comenzar, es importante tener claridad sobre la naturaleza de las emociones, y cómo estas funcionan en todos y cada uno de nosotros alrededor del mundo. Es por ello, que te invito a desplegar tus características imaginativas, y posicionarte en diferentes épocas de tu vida, interactuando con diferentes personas, conociendo distintos lugares, comiendo todo lo que te gusta o realizando alguna actividad que sea de tu interés.

Ahora, detente un momento a pensar ¿qué es lo que me permite sentir en cada una de los escenarios que me he imaginado? Es allí, justamente, donde toman relevancia las emociones; el factor común para todas las situaciones que enfrentas, tanto aquellas que percibes como positivas y las que no tanto, las une y caracterizan ¡las emociones! Sin importar tu edad, situación familiar, económica y lugar donde vivas, siempre sentirás emociones, porqué ellas nos acompañan en todo momento, es imposible, vivir nuestro día a día, sin sentir algún tipo de emoción, es allí, donde adquiere gran relevancia las emociones y el cómo las identificamos, vivimos y expresamos…

Esta bien que te sientas triste hijo es normal sentirnos así algunas veces!

De acuerdo con esto, podemos concordar que las emociones son naturales en cada uno de los seres humanos, y no existe un botón mágico para eliminar alguna emoción de nuestro sentir. Para este punto, algunos pensarán, pero…yo no quiero dejar de sentir felicidad, tranquilidad, orgullo, amor, etc., y es lógico que no, por qué son emociones que nos hacen sentir bien y son placenteras al experimentarlas, pero 

 

¿Qué pasa con aquellas emociones que no son tan placenteras y no me gusta sentir? 

 

Es aquí donde es importante profundizar y tener claridad que, estas emociones que son displacenteras1 (las denominamos así porque no nos causan placer al sentirlas), son igual de naturales que las emociones que nos gusta experimentar, y por ende, no podemos evitar sentirlas, sin embargo, y tal como la psicología nos enseña, podemos adquirir diversas formas, estrategias y herramientas con las cuales enfrentarlas de una mejor manera, ser receptivos con ellas, y buscar formas de disminuirlas, logrando de esta forma, sentirnos mejor y por lo demás, enseñarnos un nuevo aprendizaje.



¿Aprendizaje? ¿y qué tengo que aprender de las emociones que no quiero sentir? Si te preguntaste esto, permite clarificarte que sí, una de las funciones de nuestras emociones es, justamente, enseñarnos afrontar las diversas situaciones de nuestra vida, y en la medida que vayamos aprendido de ello, vamos entendiendo que, por ejemplo, nos sentimos mejor al conversar sobre lo que nos ocurre, nos sentimos más tranquilos al pedirle a alguien que respete nuestras emociones, nos podemos sentir cada vez más orgulloso de cómo aprendemos a manejar los altos niveles de frustración, o vas aprendiendo que ir a terapia te puede ayudar a disminuir tus niveles de ansiedad, entre muuuchos otros ejemplos.

En este sentido, te invito a concordar conmigo en que, así como no podemos controlar que algunas partes de nuestro cuerpo sigan su curso normal, tales como que me crezca el pelo o las uñas, sí podemos ir a una peluquería a pedir que nos corten el cabello, o nosotros mismos elegir un peinado que nos acomode o pintar nuestras uñas de la manera que más nos plazca, misma situación, ocurre con nuestras emociones, dado que, tampoco podemos controlar aquello que nos ocurre (por lo que, no podemos evitar que algo nos haga sentir una emoción displacentera1), pero sí podemos controlar la forma en que vivo y expreso cada una de las emociones que siento frente a alguna situación.

Luego de esa gran introducción, me queda reforzar tu capacidad de adulto responsable de algún niño y niña en crecimiento, para entender que las emociones son naturales en el ser humano, y, por ende, es importante validarlas. 

Entonces ¿qué es validar? Esta palabra nos invita a entender todo aquello que siente tú hijo o hija, por el hecho de que aquello que siente, es, necesariamente, una emoción natural en él y ella, y, por ende, tiene un propósito que es enseñarle un aprendizaje para su vida (y por lo demás, fortalecer su autoestima e identidad personal, pero de ello podemos conversar en otro blog). 

 

Para este punto, tú, como adulto, eres fundamental, ya que, al tener más edad y experiencias de vida, pudieses orientar su aprendizaje y ayudarlo a buscar la manera más adecuada de enfrentarlo, a fin de que dicha emoción que pudiese estar causando algún conflicto en tu niño o niña, no se sostenga en el tiempo, y por lo contrario, junto a ti, como su figura significativa, busquen formas de expresarla de manera sana y conveniente, y no por el contrario, que con el transcurso del tiempo, tu hijo o hija haya optado por guardar las diferentes emociones que experimenta y “hacer como que estas no existen” por temor a que no sean validadas por quienes tienen el deber de criarlos y cuidarlos.

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